Sigo hablando, tengo que seguir hablando de tus cartas. Me poseen, me son presentes, me estorba lo que me impide pensar en ellas. Veo, entre sueños, mis líneas verdes, sobre el rayado azul en dos tonos. (Ese rayado azul que parece una luz de verano filtrada a través de una persiana). [...] Me convenzo cada día más de que la vida realizada, la vida en hechos y la vida querida, la vida en esperanza, en ansias, son dos zonas distintas, trágicamente separadas.
Sólo el peso de tu carta en el bolsillo me servía de prenda, de prueba. Vivía yo en ese rectángulo de papel. Era el lugar más cierto del mundo. Y antes de poder abrirla, así, cerrada y en el bolsillo, tu carta era el puente con la vida, el sí que me daba la vida a la pregunta atormentada: «¿Soy? ¿Es? ¿Somos?».
"Tengo confianza. Vivo más tranquilo, camino por mis días con menos recelo. Pero no olvido que la vida y todas sus grandes cosas son eternas y momentáneas, y que de pronto en un instante podemos quedarnos ciegos en medio de la luz, muertos en medio de la vida, solos en medio del amor."
Lo encontraremos...sí... nuestro beso. Será en un lecho de nubes, o de ocasos? Será este minuto próximo, o mañana, o el siglo por venir? Vivos, o no? Lo sabes?