
Sólo el peso de tu carta en el bolsillo me servía de prenda, de prueba. Vivía yo en ese rectángulo de papel. Era el lugar más cierto del mundo. Y antes de poder abrirla, así, cerrada y en el bolsillo, tu carta era el puente con la vida, el sí que me daba la vida a la pregunta atormentada: «¿Soy? ¿Es? ¿Somos?».
Un duende pequeño, verde y amable me ha traido hasta este lugar donde aprender aprendiendo.
ResponderEliminarMe gusta esta primera foto que ven mis ojos.
Me gusta este lugar. Me enlazo.
Saludos
"así, cerrada y en el bolsillo, tu carta era el puente con la vida"
ResponderEliminar¿qué hago todavía sin leer esa correspondencia tan íntima y tan de todos?
Por medio de mi nombre en el comentario puedes acceder a mi nuevo blog. El anterior murió atacado por un virus
ResponderEliminarGracias