
Una cosa es el exilio y otra cosa es el éxodo. Sin embargo, exilio y éxodo tienen algo en común: el alrededor, al principio ilegible, que de a poco se aprende. Uno mira el paisaje como si fuera un simple repertorio y acepta los nuevos rostros como suma de instantáneas. La pasarela por donde llegamos se diluye en un suspiro y la vieja maleta nos pide que la abramos.Es ahí donde reside el corazón de nuestro viaje y no conviene perderlo. Tenemos que respirar profundamente con los ojos cerrados y casi enseguida abrirlos por si acaso.
Miramos el paisaje y aceptamos los nuevos rostros como una suma de instantáneas. Empezamos a hablar a solas porque la nueva obsesión será no olvidar nuestra lengua. De pronto hablan otros y sorpresivamente sabemos lo que dicen, con otro acento claro, pero suena como una bendición caída del mismo cielo, entonces se mezcla el asombro con la melancolía.
Ciertamente, aqui el pan sabe a pan, y el dolor ajeno se parece al nuestro.
¿Volveremos? Al menos los pájaros vuelven, o sea que tendremos que aprender a volar.
Doncs... a volar!
ResponderEliminarMagnifico trabajo el que realizas. Un gran blog donde se respira aire fresco. Un saludo.
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